Si te preguntaran: “¿qué es aquello que se te da bien? o ¿en qué destacas?”, ¿qué responderías? Puede que se te ocurra algo enseguida… o que te quedes en blanco. A muchos nos pasa esto último: nos cuesta reconocer nuestras fortalezas.
Diversos estudios —entre ellos los de Martin Seligman, psicólogo estadounidense considerado el padre de la psicología positiva— muestran que las personas que conocen y utilizan sus fortalezas experimentan mayor bienestar y satisfacción personal.
Cuando conectas con lo que se te da bien y lo pones en acción, cambia tu forma de ver el mundo, y también cómo decides tu futuro.
En este artículo vas a descubrir cómo reconocer tus fortalezas, entender por qué a veces cuesta tanto identificarlas y, sobre todo, cómo ponerlas en práctica para tomar decisiones más alineadas contigo, ya sea que estés eligiendo estudios, replanteando tu carrera o buscando un nuevo rumbo.
¿Qué son las fortalezas?
Una fortaleza es algo que disfrutas, se te da bien y utilizas con frecuencia (Cappfinity, consultora especializada en desarrollo y gestión del talento). Una de las clasificaciones más reconocidas es la Clasificación VIA de Fortalezas y Virtudes del Carácter, que las define como “aspectos positivos de nuestra personalidad que influyen en cómo pensamos, sentimos y nos comportamos” (Peterson y Seligman, 2004). Algunos ejemplos de fortalezas de carácter son la perseverancia, la curiosidad, la creatividad o el sentido del humor. Las fortalezas personales también pueden ser de actuación y estar vinculadas a talentos muy específicos, como por ejemplo, la capacidad para explicar con claridad, hablar en público, conectar personas y crear relaciones entre ellas o tocar un instrumento musical.¿Por qué nos cuesta ver nuestras fortalezas?
Hay tres motivos principales por los que muchas personas no logran identificarlas:- Prestamos más atención a nuestras debilidades: desde la niñez aprendemos a enfocarnos en lo que necesitamos mejorar, en lugar de en lo que destacamos. Por ejemplo, las notas bajas llaman más la atención que las altas.
- La comparación nos distorsiona: mirar el talento ajeno puede hacer que el nuestro parezca pequeño. Lo curioso es que lo que para ti resulta natural, para otras personas puede ser admirable.
- Creemos que lo fácil no vale: si algo nos resulta sencillo, tendemos a restarle importancia. Pensamos: “Cualquiera podría hacerlo”. Pero eso que para nosotros es obvio, para otros puede ser un auténtico desafío.
4 formas de reconocer una fortaleza
Presta atención si te ocurre lo siguiente:- Lo realizas sin esfuerzo consciente: te motivas con facilidad, empiezas rápido y disfrutas de lo que estás haciendo de principio a fin. Puede ser organizar un evento, conectar ideas, contar historias o conseguir que la gente se sienta cómoda en segundos. Sea lo que sea, fluye con naturalidad.
- Otras personas suelen recurrir a ti para eso: tus amistades te piden ayuda con lo mismo una y otra vez: “échale un ojo a este texto”, “ayúdame a decidir”, “explícame esto que no entiendo”…
- Pierdes la noción del tiempo: entras en lo que Mihaly Csikszentmihalyi, psicólogo húngaro-estadounidense, llama estado de flujo. Empiezas y, cuando miras el reloj, han pasado las horas sin darte cuenta.
- Te llena de energía en lugar de agotarte: mientras pones en práctica tu fortaleza —y después— te sientes con más energía. Por ejemplo, mientras otras personas salen exhaustas de una presentación, tú sales con entusiasmo. O mientras algunas se frustran al resolver un problema complejo, tú te quedas con ganas de más.
Un ejercicio práctico para identificar tus fortalezas
Ahora toca ponerse manos a la obra. Solo necesitas un espacio tranquilo, papel, algo para escribir y 15 minutos de tu tiempo. Paso 1: Mapa de momentos de energía Piensa en tus últimas dos semanas. Apunta tres momentos concretos en los que te sentiste a gusto, con sensación de competencia y muy implicado en una actividad. No descartes nada. Paso 2: El patrón oculto Analiza esos momentos. ¿Qué estabas haciendo? No te quedes en la superficie. Si ayudaste a tu hermana con un trabajo, ¿la apoyaste a estructurar ideas, a buscar información o a calmarse cuando estaba agobiada? Paso 3: La pregunta espejo Escribe a tres personas que te conozcan bien (amistades, familiares, profesores/as…) y pregúntales: “Si tuvieras que pedirme ayuda con algo que sabes que se me da bien, ¿qué sería?”. Sus respuestas te van a sorprender. Paso 4: Observa lo que te produce curiosidad ¿Qué temas, conversaciones o actividades captan tu atención sin apenas esfuerzo? Lo que te gusta aprender o descubrir revela tus fortalezas. Paso 5: Registra y ponlo en práctica Anota tus hallazgos, y busca formas de usar tus fortalezas descubiertas en tu día a día. Por ejemplo:- Si tu fortaleza es la empatía, escucha activamente a alguien que lo necesite.
- Si es la creatividad, busca una nueva forma de resolver una tarea.
- Si es el liderazgo, organiza un proyecto o evento, aunque sea pequeño.


